Siguiendo con mi maravillosa aventura en el mundo del cine, la semana pasada terminó el ciclo de cine japonés en el CCPUCP, donde pasaron dos clásicos de Kurosawa en 35 mm.
Tuve la dicha de
ver Vivir, de la cual hablaré en otra entrada, y Rashomon, a la cual le tenía
poca fe, ya que no soy muy afín a las películas de samuráis. Siempre es
necesario salir de tu zona de confort y exponerte a todo tipo de cine. Al
final, nunca sabes con qué te vas a encontrar y, efectivamente, Rashomon
terminó siendo mucho más que una película de samuráis.
La historia parte
de lo que creemos que es un hecho concreto, pero cuando empiezan a aparecer
nuevos testigos, cada uno cuenta una versión completamente diferente sobre lo
ocurrido. Curiosamente, nunca te aclaran exactamente qué fue lo que realmente
sucedió. Nunca llega una respuesta definitiva y esa me parece una decisión
acertada.
La película no
está interesada en descubrir la verdad, sino en mostrar cómo cada persona
percibe y cuenta un mismo hecho de manera completamente diferente, ya sea por
conveniencia, creencias o para preservar una imagen que desean mantener.
Todos vemos las
cosas desde nuestro propio lugar, con nuestros recuerdos, intereses y hasta con
la necesidad de quedar bien frente a los demás.
Tal vez es cierta
esa frase: cada uno ve lo que quiere ver.
Definitivamente,
no esperaba encontrarme con esa crítica a la sociedad cuando fui a ver una
película de samuráis.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario