Ayer, mientras le
mostraba a mi novio un video de un gallinazo en un poste de luz que grabé para
mi cortometraje amateur independiente, surgió una disyuntiva: ¿Qué es el cine
experimental? ¿Mi cortometraje es experimental? En el momento, ninguno supo cómo
responder a estas interrogantes. Y es que, sí, esto es un experimento desde mi
inexperiencia en el campo y conocimientos teóricos mezclados con una pasión por
la naturaleza y las cosas pequeñas en la vida, pero no sería posible compararlo
con obras maestras cinematográficas experimentales como Daisies de Věra
Chytilová o la más reciente, The Chronology of Water de Kristen Steward. Por
otro lado, al buscar cine experimental en Letterboxd, encontré una serie de
listas con cortometrajes de 10 minutos de temas variados, desde un plano fijo
de margaritas en un campo hasta una compilación de videos caseros sin orden en
específico. Entonces, volvemos a la pregunta inicial: ¿Qué es el cine
experimental? Después de mi investigación, puedo arriesgarme a pensar que el cine
experimental es todo aquel que esté dispuesto a transgredir la estética o
narrativa tradicional, sin importar el nivel de experiencia del director, pues
parece más relevante la sensibilidad o atmósfera que busca transmitir.
Ahora, tras esta
reflexión, surgió una interrogante aún más grande: ¿Tengo que consumir este
tipo de cine para poder realizarlo? Y aunque estoy tentada a decir que no es
posible realizar correctamente un material que no consumes, en este caso creo
que podríamos hacer una excepción, pues la experimentación es una cualidad
inherente del ser humano que solo se puede seguir desarrollando mediante el
constante entrenamiento, ensayo y error. Es por eso que creo que conseguí la
respuesta que buscaba.
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